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Petición global a Amnistía Internacional: Restaure la integridad de los derechos humanos

Sábado 13 de febrero de 2010

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Sábado 13 de febrero de 2010.

Como organizaciones y como personas que defendemos y apoyamos la universalidad de los derechos humanos hemos constatado con inquietud la suspensión de Gita Sargal, responsable de la unidad del género en el Secretariado Internacional de Amnistía Internacional en Londres, por haber puesto en cuestión la asociación de Amnistía Internacional con personalidades cuya actitud política hacia los talibanes es ambigua.

Pertenecemos a comunidades que reconocen y aprecian el trabajo de Amnistía Internacional en su defensa de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres en el mundo entero. Muchos de nosotros trabajamos estrechamente con Amnistía Internacional y sus campañas a diferentes niveles.

Creemos que Gita Sahgal ha planteado una cuestión de principio fundamental "en relación a la importancia para el movimiento de los derechos humanos de mantener una distancia objetiva hacia grupos e ideas comprometidos en una discriminación sistemática".

Esta cuestión de principio es crucial en el momento actual en que "la guerra contra el terror" llevada por los Estados Unidos conlleva una suspensión de los derechos humanos y una vigilancia reforzada hacia los individuos y de las políticas referidas al cuerpo. La ironía del asunto es que el lenguaje de los derechos humanos y de sus defensores es recuperado por la alianza US/OTAN en sus esfuerzos por legitimar un imperialismo que renace. Igualmente inquietante es que este lenguaje sea igualmente recuperado por organizaciones que adoptan formas de acción política extremistas y violentas basadas en la identidad. El espacio en que podríamos poner en cuestión tanto la una como la otra de estas recuperaciones se estrecha, y los derechos humanos son tomados como rehenes por amplios programas políticos autoritarios tanto por los estados como por comunidades.

En este contexto es crucial para los defensores y las organizaciones derechos humanos el definir claramente los principios y los valores esenciales que no son negociables. Nuestro compromiso para oponernos, entre otros, a la islamofobia, al racismo, a la misoginia y a la xenofobia no debería en ningún momento anular nuestra capacidad para identificar los programas sociales y políticos autoritarios, a menudo fascistas, de algunos de los grupos que sufren violaciones de los derechos humanos por parte de las grandes potencias.

La cuestión de principio más amplia que planteamos aquí nos concierne a todos como defensores de los derechos humanos de diferentes partes del mundo. Muchos de nosotros que trabajan para defender los derechos humanos en un contexto de conflicto y terrorismo conocen la importancia de mantener una distancia clara y visible hacia socios y aliados potenciales, cuando existe la menor duda sobre su compromiso hacia los derechos humanos. Vistas las circunstancias en las cuales cuestiones que se relacionan con la asociación con Presos en jaulas parecen haberse planteado, estimamos que Amnistía Internacional debería haberse abstenido de ofrecerles una plataforma. Habría sido posible para Amnistía Internacional hacer campaña contra las violaciones de los derechos humanos fundamentales que han tenido lugar en Guantánamo y en otras partes sin hacer alianzas que comprometen los valores esenciales de Amnistía Internacional, como han hecho otras organizaciones derechos humanos.

La historia nos ha enseñado de manera repetida que organizaciones antidemocráticas pueden manipular, y de hecho manipulan, la información y su propia representación por una ventaja política estrecha. En toda situación ambigua, estimamos que el beneficio de la duda debería haberse acordado a los miembros del personal de expertos de Amnistía Internacional. Estimamos que en este caso, se ha faltado al respecto hacia las opiniones expresadas por Gita Sahgal, que es miembro del personal, y se ha violado el crucial funcionamiento de la democracia interna, en el secretariado de Amnistía Internacional.

Lo que hace falta es un debate democrático tanto interno como en la esfera pública, sobre los principios de los derechos humanos que deben guiar a Amnistía Internacional y a todos nosotros para determinar nuestras alianzas. Debemos asegurarnos de que las asociaciones que formamos se corresponden con los valores esenciales de derechos humanos de igualdad y universalidad. Nuestra responsabilidad en este ámbito, interno y externo, en todas nuestras diversas secciones, no puede estar puesta en peligro. Hace falta un examen riguroso de los socios potenciales. Vistas las situaciones complejas en las cuales trabajamos, lo que hace falta es un debate abierto, no la censura y el cierre de la discusión concerniente a esas importantes cuestiones. Desplazar el debate y transformarlo en una discusión sobre "El Otro" y la "diabolización" de los presos de Guantánamo, es simplemente oscurecer los verdaderos problemas en juego. Es poner en peligro el trabajo que Amnistía Internacional intenta hacer en Afganistán y en otras partes. Desgraciadamente, es también no responder a las preguntas muy serias que se han planteado y a las cuales pedimos también respuestas.

En el contexto actual, "de compromiso constructivo" con los talibanes, como se ha propuesto en la Conferencia reciente sobre Afganistán en Londres, tenemos la obligación de asegurar que no intercambiamos los derechos humanos de las minorías y de las mujeres por "la paz". Hay suficientes ejemplos recientes de tales tentativas que muestran que estos acuerdos son una quimera y que no desembocan ni en la paz, ni en la seguridad. Cualquiera que sea la naturaleza del "compromiso" con grupos autoritarios, cualquiera que sean los partidarios y las alianzas en las cuales entramos con personalidades u organizaciones implicadas en un tal "compromiso", debe verificarse el compromiso hacia los derechos humanos que son universales e indivisibles, y éstos deben ser considerados como centrales y no negociables para las organizaciones y los defensores de los derechos humanos.

Hacemos un llamamiento a Amnistía Internacional para que clarifique y afirme públicamente su adhesión a lo que decimos arriba, en todos los ámbitos de su trabajo; y que demuestre su obligación de ser ella misma públicamente responsable, como ha exigido tantas veces a otros.

Aseguramos a Gita Sargal nuestra solidaridad y nuestro apoyo, a ella que es bien conocida y ampliamente respetada internacionalmente por su militancia de los derechos humanos basada en principios, por su posición valiente al evocar esta cuestión en el interior y en el exterior de Amnistía Internacional.

Redactado y puesta en marcha por:

  • Dr. Amrita Chhachhi, Programme Femmes, Genre et développement, Institut des sciences sociales de La Haye, membre de Kartini Asie, réseau d’études femmes/genre. /Programa Mujeres, Género y desarrollo, Instituto de las ciencias sociales de La Haya, miembro de Kartini Asi, red de estudios mujeres/género
  • Sara Hossain, Avocate, Cour Suprême du Bangladesh /Abogada, Corte Suprema de Bangladesh
  • Sunila Abeysekera, INFORM Centre de Documentation sur les droits humains, Sri Lanka /INFORM Centro de Documentación sobre los derechos humanos, Sri Lanka

Petición virtual a Amnistía Internacional (firme añadiendo su nombre/afiliación institucional o la profesión y el país, puede añadir la página Internet de su institución si quiere). Ponga su dirección email. Tenga la seguridad que su dirección e-mail no se publicará en ningún sitio ni se hará pública para nadie. Solamente se pide con la finalidad de verificación y para evitar spam o uso abusivo, de manera que nadie pueda firmar en nombre de alguna otra persona sin que ella lo sepa.

Para filmar esta petición pulsar aquí.

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